Crónica desde el Gallinero, 2008

Fotografías: Fran Lorente

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En el último mes, dos tormentas y las obras que se están llevando a cabo para conectar la A3 con la M-45 y las entradas al ensanche de Vallecas han provocado inundaciones en Coslada y Rivas. Además de las casas y comercios anegados, el agua ha convertido en un lodazal tercermundista el asentamiento chabolista rumano de la zona denominada El Gallinero. Madrid Sindical estuvo allí acompañando las labores de ayuda de un sindicalista de Comisiones Obreras, voluntario de una parroquia cercana.

Angel Castilblanque no da abasto estos días. Su móvil suena permanentemente. Son periodistas. Les hace declaraciones y actúa como una especie de guía que les informa y asiste en sus visitas al Gallinero. Les asiste incluso con botas de agua de las que lleva varios pares en el maletero del coche. Y les presenta a los miembros más destacados de la comunidad de gitanos rumanos cuyos niños chapotean en un agua sucia e infectada sin que a ningún responsable político parezca importarle demasiado. Tampoco a ellos.

Angel y Maribel Sanz son compañeros de CCOO y voluntarios de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, sita en La Cañada, concretamente en el considerado como el mayor picadero de Europa. En el Gallinero, sin embargo, negocio de drogas, no hay. La miseria rampante así lo demuestra. Estos voluntarios llevan cuatro años trabajando con la comunidad de rumanos, colaborando en la escolarización de los niños, haciendo seguimiento escolar, acompañamiento a las familias y en los últimos meses incluso labores de desinfección, limpieza y desratización de la zona. Pero desde el 23 de septiembre, fecha de las primeras inundaciones en Coslada y Rivas, todo lo realizado se lo ha llevado el agua. Una y otra vez. La última el pasado 11 de octubre. Ahora lo urgente se impone y la denuncia pública se abre paso en todos los medios a golpe de fotografías de amplio formato que muestran a todo color la miseria y la desolación. El tercer mundo aterrizado en pleno Madrid de la excelencia, en el Madrid olímpico, recuerda Angel, para quien esto es simplemente “una vergüenza”.

Abandonados

En el Gallinero, donde sobreviven 200 familias rumanas con 320 niños, los bomberos llevan días achicando agua con lentitud y mucho retraso (parece que no han dado abasto con todas las inundaciones en los barrios de Coslada y Rivas). Angel cuenta que tardaron más de tres horas en aparecer el sábado 11 tras las constantes llamadas pidiendo ayuda. “Se supone que ante una emergencia, si el ayuntamiento no puede responder tendría que instar a la Comunidad a hacerse cargo e incluso a otras comunidades si es necesario. La respuesta fue que la situación no requería la puesta en marcha de esos planes de contingencia. Y eso a pesar de que hay tomas de corriente de los cables que llevan la luz a las infraviviendas del poblado y había un grave peligro de electrocución” dice.

Mientras, niños de todas las edades corren, juegan y se pelean. Unos vestidos, otros medio desnudos, descalzos la mayoría, otros literalmente desnudos. Las niñas, muy parlanchinas hablan con los visitantes mientras cargan con sus hermanos pequeños en las caderas. Tienen unos nombres preciosos, Alondra, Casandra, Serenada y no paran de pedir bolis, cuadernos y pinturas. Todo su afán, ir al cole. Los niños, sin embargo, no paran de pelear. Abel tiene 14 años y dice que no quiere ir al cole ni a talleres y que cuando sea mayor no quiere ser nada. Sin embargo, coge un boli y escribe torpemente su nombre al lado del de las chicas y al lado de las siglas de DOLCE & GABANNA, “una firma que me gusta mucho”, dice Alondra, de ocho años, que anda sin zapatos.

Los hombres permanecen de pie, en espera de no se sabe qué mientras las mujeres demandan a todo el que llega ropa para los más pequeños y lo que sea.

Les falta de todo a pesar de que algo de ayuda ha llegado, a través de donaciones particulares o la colaboración de traperos de Emaús, Cáritas o Bomberos sin fronteras que aportaron 100 colchones. Pero es que lo poco que tienen está bajo el agua y el barro: pañales, ropa, calzado, material escolar, alimentos.

Angel Castilblanque se desgañita a través de las emisoras de radio denunciando la insuficiente respuesta de las administraciones municipal y autonómica que impide la recuperación de unas condiciones mínimas de habitabilidad del poblado. Y allí no va nadie. Dos policías municipales observan desde el coche de patrulla. Desde el Samur alegan que se les ha ofrecido cobijo en dos campamentos, uno en Valdelatas y otro en Las Tablas. Angel dice que sí, que 80 personas fueron trasladadas pero desde los mismos campamentos informaron de que ya no cabían más. Tampoco ellos están conformes, existe un régimen disciplinario que no se adapta a sus costumbres y quieren estar con sus familias, por lo que la mayoría ha empezado a volver. A fin de cuentas, el poblado es su casa y allí viven desde hace varios años.

Este sindicalista, comprometido hasta las cachas, sospecha que desde las administraciones prefieren aquello de “cuanto peor mejor para ver si así se van”. “Quizás sea una buena ocasión para solucionar esto me llegó a decir un responsable de Servicios Sociales que se personó en el Gallinero” añade con ironía. No muy diferente de la respuesta que recibieron por parte del Defensor del Menor, Arturo Canalda, cuando hace unos meses fueron a hablarle de la situación de estos niños. “Eso sí, al despedirnos nos dio una bolsa de piruletas con el anagrama del Defensor y un bote de lapiceros”.

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